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¿A quién se debe ayudar en primer lugar?

La lista de amenazas urgentes que afronta la Humanidad es tan larga, que resulta deprimente. El sida, el hambre, los conflictos armados y el calentamiento del planeta compiten para atraer la atención, junto con el fracaso de los gobiernos, el paludismo y el último desastre natural. Aunque nuestra compasión es grande, nuestros recursos son limitados. Así, pues, ¿a quién se debe ayudar en primer lugar?

Para algunos, formular esas prioridades parece una obscenidad, pero las Naciones Unidas y los gobiernos nacionales gastan miles de millones de dólares todos los años para intentar ayudar a los necesitados sin tener en cuenta explícitamente si están logrando el máximo que pueden.

Los medios occidentales de comunicación se centran en el maremoto de Asia y las donaciones manan en abundancia. Un terremoto que devasta el Pakistán concita menos titulares, por lo que el mundo desarrollado da mucho menos.

Hay una forma mejor. Podríamos formular prioridades para nuestro gasto con el fin de lograr el mayor beneficio para nuestro dinero.