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¿Quién es quién en la nómina de Putin?

MOSCU – El ex canciller de Alemania Gerhard Schroeder es una leyenda en Rusia. Sirve a los intereses de Gazprom a cambio de unos miserables millones de euros al año, participa en sesiones de la Academia Rusa de Ciencias y escribe libros sobre su amistad incondicional con "Genosse Wladimir" que, en un pasado no tan distante, se ganó el bien merecido mote de "Stasi" en los círculos empresarios de la gangsterizada San Petersburgo.

Pero no resulta a las claras obvio si hoy es Schroeder el que le lame las botas a Putin o viceversa. Ambos están construyendo, o intentando construir, el gasoducto Nord Stream, un proyecto excepcionalmente costoso que satisface objetivos estratégicos mellizos. Claramente hostil a los intereses tanto de Belarús como de Ucrania, el gasoducto está destinado a asegurar que estos países estén bajo el pulgar energético de Rusia, más allá de quién esté en el poder en Minsk y Kiev.

Asimismo, el gasoducto también consolidará la condición de la economía rusa como un apéndice de la de Alemania -su proveedor de recursos naturales-. Algunos de los antecesores de Schroeder en el puesto de canciller alemán intentaron alcanzar el mismo objetivo por medios bastante diferentes.

Los logros del Kremlin a la hora de asegurar la ayuda de los norteamericanos dispuestos a ofrecer su influencia son igualmente impresionantes. De hecho, la política hacia Rusia de la administración Obama está siendo irrigada por el asesoramiento de gente que no tiene ningún cargo oficial en la administración pero sí vínculos empresarios estrechos con Rusia y el Kremlin: Henry Kissinger, James A. Baker, Thomas Graham y Dimitri Simes. Los dos primeros son reconocidos geopolíticos; Graham y Simes son respetados como prominentes especialistas en Rusia. Escriben informes clave para la administración, y viajan entre Moscú y Washington, coordinando los parámetros del esfuerzo de la administración Obama para "restablecer" la relación bilateral.