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¿Quién tiene la culpa de la alergia británica al euro?

Hace cuarenta años, Charles de Gaulle dijo "Non" a la solicitud del Reino Unido para ingresar a la Comunidad Europea. Antes del 9 de junio, el ministro de finanzas de Gran Bretaña, Gordon Brown, dará su propio "No" a Europa. Pero la decisión inglesa sobre la adopción de la divisa europea única, el euro, se tomó hace mucho tiempo, y siempre habría de ser una versión u otra del "No".

Cuando Francia invitó por primera vez al Reino Unido a unirse a la naciente empresa europea, una década antes de que el General de Gaulle cerrara la puerta, los arrogantes mandarines de la tesorería británica se aseguraron de que su país rechazara la oferta con indignación. Los burócratas de las finanzas se han mantenido predeciblemente anti-europeos desde entonces. Como los cortesanos que rodeaban a Luis XVIII no han olvidado nada y no han aprendido nada.

La única duda actualmente es si el veredicto de Brown sobre el euro será "Todavía no", "No antes de las próximas elecciones" o simplemente "No". Es una decisión que se está tomando prácticamente sin la participación del primer ministro, Tony Blair, e incluso en contra de sus deseos.

Blair cree que el Reino Unido debe adoptar el euro, porque quiere que su país esté, como dice él mismo, "en el corazón de Europa": la mayoría de los analistas tienden a asumir que, si eso es lo que Tony Blair quiere, entonces tarde o temprano eso es lo que sucederá porque, después de todo, él es el primer ministro.