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¿Quién necesita ser Presidente de la UE?

Quienquiera que ocupe el nuevo cargo en la cumbre de Europa como Presidente del Consejo Europeo fijará el modelo para el futuro. Si es alguien de renombre mundial, el de la presidencia quedará inmediatamente establecido como un puesto de importancia mundial, pero, si su primer ocupante no es un nombre conocidísimo, la presidencia quedará condenada como otro más de la complicada plétora de altos cargos notables que ni se valoran ni se entienden fuera de Bruselas.

Lo principal a ese respecto es que Europa no podrá mejorar el puesto más tarde. Si la presidencia corresponde a un político que carezca de fama y carisma, ocupará para siempre un lugar muy bajo en la jerarquía internacional.

De la media docena de candidatos a “Presidente de Europa”, sólo Tony Blair no necesita presentación en ninguna parte. Todos los demás nombres que han saltado a la palestra han de ir acompañados de una descripción: ex tal y cual finlandés o austríaco.

Nadie sabe si los actuales primeros ministros de los 27 países de la UE elegirán a Blair. Existe considerable rencor por su papel en la invasión del Iraq y el inconveniente de que procede de la euroescéptica Gran Bretaña y muchos en la izquierda lo consideran un dirigente cuya “tercera vía” fue una traición al socialismo.