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¿Quién necesita a las humanidades?

WARWICK, Reino Unido – Hoy en día, cada vez en más países, los estrategas políticos se han vuelto obsesionados con la necesidad de fortalecer la educación científica. Ahora bien, ¿qué pasa con las humanidades –todas aquellas disciplinas (literatura, historia, idiomas y demás) cuya relevancia para la competitividad económica no es tan obvia?

Necesitamos las humanidades sólo si estamos comprometidos con la idea de humanidad. Si las humanidades se han vuelto obsoletas, entonces tal vez sea la humanidad la que está perdiendo su prominencia.

No me refiero a que nos estemos volviendo “menos humanos” en el sentido de “inhumanos”. En todo caso, vivimos en un tiempo en el que las preocupaciones tradicionalmente centradas en lo humano como los “derechos” se han extendido a los animales, si no a la naturaleza toda. El problema, más bien, tiene que ver con si existe algo distintivo sobre ser humano que exija demandas especiales de una educación superior. Creo que la respuesta sigue siendo sí.

Hoy, suena anticuado describir el propósito de la universidad como el de “cultivar” a la gente, como si se tratara de una escuela de acabado sofisticada. Sin embargo, una vez que dejamos de lado su historia elitista, esta idea sigue teniendo un elemento sólido de verdad, especialmente cuando se la aplica a las humanidades. Si bien ahora pensamos en las disciplinas académicas, inclusive las humanidades, como “guiadas por la investigación”, esto minimiza el papel histórico de la universidad que convirtió al primate Homo sapiens en una criatura cuyos intereses, aspiraciones y logros se extienden más allá de la exitosa reproducción sexual.