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¿Quién perdió Turquía?

PARÍS: “¿Quién perdió Turquía?” Esa pregunta, que se planteó frecuentemente en el pasado, se ha estado reavivando tras el exabrupto emotivo del Primer Ministro Tayyip Erdogan durante el reciente Foro Económico Mundial 2009 en Davos, cuando súbitamente abandonó el panel que compartía con el Presidente israelí Shimon Peres. Y la cuestión turca es de gran importancia porque tiene que ver con algunas de las disputas diplomáticas más inestables e inquietantes del mundo.

Si, en efecto, Turquía se ha “perdido”, entre los responsables están la Unión Europea, Estados Unidos, Israel y Turquía misma. El Presidente francés, Nicolas Sarkozy, ha expresado de modo inequívoco las crecientes reservas de la UE acerca de la adhesión de Turquía. En Estados Unidos, el ex Presidente George W. Bush tiene parte de la culpa debido a la guerra de Iraq. Israel también ha desempeñado un papel en el alejamiento de Turquía de Occidente, como resultado de la guerra de Líbano de 2006 y sus recientes operaciones militares en Gaza.

Todos estos sucesos han perturbado y desorientado a Turquía y se han agudizado por el impacto interno de la peor crisis económica global desde los años treinta.

Por supuesto, las élites turcas seculares y pro occidentales tal vez sigan considerando que la UE y Estados Unidos son aliados y socios importantes, si no es que indispensables, y pueden pensar que el fundamentalismo islámico, Hamas, Hezbolá e Irán son amenazas reales o al menos potenciales. No obstante, también están convencidas de que el comportamiento de Europa hacia Turquía ha sido impropio debido a una combinación de reflejos populistas de corto plazo y la ausencia de una visión estratégica de largo plazo.