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¿Quién tiene la culpa?

PRINCETON – Ahora que la crisis económica parece menos amenazadora (al menos por el momento), y los pronosticadores están detectando "retoños verdes" de recuperación, se está desplegando un juego de culpas cada vez más abarcador. La crisis financiera ofrece una oportunidad aparentemente infinita de desenmascarar el engaño, la mala conducta y la corrupción. Pero no estamos seguros de a quién y qué debemos desenmascarar.

En un principio, los principales banqueros eran los culpables más obvios. Ellos eran los que presidían instituciones que obtuvieron grandes ganancias por un período sustancial evaluando mal los riesgos, y luego reclamaron el respaldo de la población con el argumento de que eran demasiado grandes como para quebrar. Su actitud era arrogante y estaban demasiado bien pagos, de modo que fueron fácilmente demonizados.

Pero, ¿y qué hay del proceso político? ¿Por qué no se controlaba a los bancos más de cerca y se los regulaba mejor? No es que "se comprara" a los políticos en un sentido simplista; más bien, los políticos se convencieron a sí mismos de que la innovación financiera abría la puerta a una mayor prosperidad general, aumentaba la cantidad de propietarios de viviendas y, por supuesto, el respaldo popular en las elecciones.

Los gobiernos ahora son vulnerables, y los políticos son blanco de ataques en casi todas partes. Han caído los gobiernos de República Checa, Hungría, Islandia e Irlanda. Disturbios y huelgas paralizadoras afectaron a Tailandia, Francia y Grecia. En Kuwait, el gobierno destituyó al Parlamento. Gran Bretaña está convulsionada por un escándalo sobre gastos parlamentarios que no tiene ningún equivalente desde los ataques a la "antigua corrupción" a principios del siglo XIX.