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¿Cuál Turquía en qué Europa?

"Una tempestad en un vaso de agua" es tal vez la mejor descripción de las recientes disputas sobre el inicio de las negociaciones de adhesión de Turquía a la Unión Europea. El tema formó parte de las elecciones en Alemania, ya que la Canciller Angela Merkel presentó una plataforma en la que se ofrecía a Turquía "una asociación privilegiada" en lugar de una membresía plena. La postura del gobierno austriaco -motivada tanto por sus elecciones próximas como por sus preocupaciones genuinas de política exterior- parecía amenazar el inicio mismo de las negociaciones.

Pero la política exterior alemana se ha distinguido siempre por la continuidad, y el nuevo Ministro de Relaciones Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, Jefe de Gabinete del ex Canciller Gerhard Schröder se ha pronunciado repetidamente por una membresía plena para Turquía. Es por tanto improbable que la Gran Coalición adopte un enfoque político diferente hacia Turquía que el anterior gobierno rojiverde.

Después de un poco de drama, Austria también dejo de oponerse a las pláticas de adhesión, a cambio de una promesa de admisión para Croacia, y las riñas intraeuropeas se arreglaron. Así, los británicos, bajo la presidencia actual de Tony Blair del Consejo Europeo de Ministros, se han salido con la suya por ahora, y los estadounidenses -firmes defensores de las aspiraciones europeas de Turquía- tuvieron éxito de nuevo al actuar como "una potencia europea". Las negociaciones de adhesión con Turquía son ahora un hecho.

Pero mucho del debate sobre la posible adhesión de Turquía se ha enfocado en los temas equivocados: si Turquía es culturalmente "compatible" con Europa o si Europa es en algún sentido cristiana y si podría asimilar 100 millones de musulmanes. La cuestión central -que ni siquiera los turcos impugnan - es que Turquía no está económicamente lista y, sobre todo, tampoco es una democracia lo suficientemente madura para adherirse plenamente a la Unión Europea.