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¿Dónde está Europa?

Cuando la crisis financiera mundial se transforma inexorablemente en crisis económica y ahora en crisis industrial, por toda la UE se puede oír el grito de “¿dónde está Europa?”. Hasta ahora, la respuesta de Bruselas ha sido menos que tranquilizadora.

La consigna de la Comisión Europa ha sido la de que se debe defender la integridad del Mercado Único a toda costa y de que recurrirá a sus extraordinarios poderes legales para velar por que los rescates u otras ayudas estatales por parte de los gobiernos de la UE no distorsionen la competencia leal. Se trata de una cantinela conocida y entre los empresarios industriales parece estar consolidándose la impresión de que no es bastante.

Con la preocupación en aumento en toda Europa por que los despidos entrañen cierres de grandes fábricas y pérdidas de puestos de trabajo en cascada en miles de pequeñas empresas, los gobiernos nacionales están a punto de chocar con la UE, aunque saben que su mayor posibilidad de salvación estriba en una actuación europea conjunta. En Bruselas existe conciencia de que la crisis ofrece una auténtica oportunidad política, si bien la Comisión aún no la ha aprovechado.

Ha llegado la hora de crear un nuevo marco de política industrial de la UE que permita a Bruselas usar su condición de “intermediario honrado” para gestionar los intereses encontrados. Los eurócratas de la Comisión deben quitar el polvo a sus archivos de hace treinta años y recordar cómo abordaron sus predecesores la crisis del sector siderúrgico que entonces amenazaba con provocar una guerra comercial intraeuropea.