¿Dónde están los islamistas?

NUEVA YORK – En algún momento del decenio de 1980, cuando el régimen comunista de Polonia afrontaba graves desafíos de las masas desafectas, el portavoz oficial del régimen, Jerzy Urban, comentó a un periodista extranjero que había sólo dos opciones en Polonia: el comunismo o la dominación por la Iglesia católica. “O nosotros”, dijo, “o la Virgen Negra de Czestochowa”.

Advertencias similares han repetido una y otra vez los gobernantes opresores de Oriente Medio y, en particular, Hosni Mubarak de Egipto: o el Estado policial secular o los islamistas; o Mubarak o los Hermanos Musulmanes. Ese mensaje resultó bastante convincente para los gobiernos occidentales, en particular el de los Estados Unidos, para seguir prodigando dinero y armas a Mubarak y otros “aliados” árabes.

Para quienes propugnan la extensión de la democracia en el mundo, esa situación ha planteado un incómodo dilema. Según dicen muchos, el islam es una amenaza para la democracia. Se dice que Occidente está “en guerra con el islam”, por citar a la activista de origen somalí Ayaan Hirsi Ali, pero, ¿significa eso que debemos renunciar a la democracia, si los islamistas tienen una oportunidad de ganar las elecciones?

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