¿Dónde están los líderes globales?

La Cumbre del G-8, realizada este mes en Japón, fue una penosa demostración del lamentable estado de la cooperación global. El mundo se encuentra en una crisis que se profundiza cada vez más. Los precios de los alimentos se están yendo a las nubes. Los del petróleo han alcanzado cotas históricas. Las principales economías del mundo están entrando en recesión. Las negociaciones sobre el cambio climático dan vueltas en círculos sin llegar a nada. La ayuda a los países más pobres está estancada, a pesar de años de promesas de aumento. Y, aún así, en esta sonada reunión fue difícil encontrar una sola señal de un logro real por parte de los líderes del mundo.

El mundo necesita soluciones globales para problemas reales, pero es claro que los líderes del G8 no pueden darlas. Debido a que prácticamente cada uno de los gobernantes que acudieron a la cumbre es profundamente impopular en casa, pocos pueden ofrecer un liderazgo global. Son débiles individualmente, e incluso más débiles cuando se reúnen para mostrar al mundo su incapacidad de generar acciones reales.

Hay cuatro problemas profundos. El primero es la incoherencia del liderazgo estadounidense. Si bien hace mucho que pasó el tiempo en que Estados Unidos podía solucionar cualquier problema global, ni siquiera intenta encontrar soluciones globales en común. La voluntad de lograr una cooperación global era débil incluso en los días de la administración Clinton, pero ha desaparecido del todo durante la administración Bush.

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