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Lo que puede hacer Occidente

TIFLIS – En vista de los tremendos daños que Rusia ha infligido a Georgia, resulta fácil concluir que el Kremlin ha conseguido sus objetivos, pero hasta ahora Rusia ha fracasado en su objetivo real: deshacerse de Mijeil Saakashvili, el Presidente prodemocrático y proamericano de Georgia.

Desde luego, Rusia ha incrementado su control de los enclaves separatistas de Osetia del Sur y Abjazia. Ha destrozado el ejército georgiano, ha dañado gravemente la economía de Georgia y ha provocado la discordia en la alianza occidental. Durante tres años ha probado todos los trucos concebibles para derrocar a Saakashvili: fomentar un levantamiento interno, imponer un bloqueo económico, aumentar sus fuerzas en los enclaves y, por último, una guerra. Aun así, el Presidente de Georgia ha conservado el poder.

Aquí, en Tiflis, la tensión es, lógicamente, muy grande. Los tanques rusos están a menos de 25 kilómetros de distancia y, cuando yo cruzaba los puestos rusos de control para llegar a Gori, los campos de trigo a lo largo de la carretera principal que conduce a esa ciudad desierta y ocupada estaban ardiendo, incendiados por las tropas rusas. (El espectáculo más inolvidable: soldados rusos borrachos y vestidos con uniformes georgianos, “porque son mejores que los nuestros”.)

La invasión de Georgia por parte de Rusia ha remodelado el paisaje estratégico, pero, mientras Occidente debate sobre cómo “castigar a Rusia”, reviste importancia decisiva recordar que el frente principal sigue estando en Georgia. Que se haya hablado de privar a Rusia de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014 o de expulsarla del G-8 puede haber tenido (o no) algún efecto en el Kremlin, pero lo más importante que ahora puede hacer Occidente es reforzar al Gobierno de Tiflis. La ecuación es sencilla: si Saakashvili sobrevive, Vladimir Putin pierde.