0

¿Qué es lo positivo del plan fiscal de los Estados Unidos?

CAMBRIDGE – El plan fiscal acordado por el Presidente Barack Obama y sus oponentes republicanos en el Congreso de los Estados Unidos representa la combinación correcta de una política tributaria apropiada a corto plazo y un primer paso con vistas a la prudencia fiscal a más largo plazo. La característica principal del acuerdo es la de prolongar los tipos del impuesto sobre la renta vigentes en 2010 durante dos años más, sin un compromiso sobre lo que se hará con ellos más adelante.

Sin dicho acuerdo sobre los impuestos, los tipos impositivos habrían vuelto a ser en 2011 los del nivel superior anterior a las reducciones fiscales de Bush en 2001, lo que significaría impuestos más altos para todos los contribuyentes, al aumentar las cuotas líquidas en 2011 y 2012 en unos 450.000 millones de dólares (el 1,5 por ciento del PIB).

Como el PIB de los Estados Unidos ha estado creciendo últimamente a una tasa anual de sólo dos por ciento –y la de las ventas finales ha sido sólo de un uno por ciento, aproximadamente–, dicho aumento de los impuestos probablemente habría abocado la economía de los EE.UU. a una nueva recesión. Aunque se califica la nueva legislación tributaria de estímulo fiscal, es más exacto decir que evita una gran contracción fiscal inmediata.

Las consecuencias a largo plazo del acuerdo ofrecen un marcado contraste tanto con la propuesta de presupuesto hecha por Obama en febrero de 2010 como con la contrapropuesta de los republicanos. Obama quería prolongar permanentemente los tipos impositivos de 2010 para todos los contribuyentes, excepto quienes tuvieran ingresos anuales superiores a 250.000 dólares. Los republicanos propusieron prolongar permanentemente los tipos impositivos de 2010 para todos los contribuyentes. Con la acordada limitación de los actuales tipos  impositivos durante sólo dos años, el plan tributario reduce la proyectada deuda nacional al final del decenio (respecto de la que habría sido con el presupuesto de Obama) en unos dos billones de dólares, es decir, casi el 10 por ciento del PIB en 2020.