¿Qué queda del confucianismo?

BEIJING – La manifestación pública de compasión y transparencia del gobierno chino en respuesta al devastador terremoto en la provincia de Sichuan parece haber fortalecido su autoridad y sus vínculos con el ciudadano chino común. El gobierno y el ejército trabajaron cuerpo a cuerpo con legiones de voluntarios y redes privadas para rescatar a las víctimas del terremoto. Incluso los cínicos intransigentes se vieron persuadidos por el consuelo emocional que les brindó el primer ministro Wen Jiabao a los sobrevivientes.

Pero los heroicos esfuerzos de rescate no podrán ayudar al gobierno para siempre, de modo que vale la pena preguntar qué es lo que puede ofrecer una legitimidad política a largo plazo. Después de todo, el comunismo ha perdido su capacidad para inspirar a los chinos. ¿Qué es lo que debería reemplazarlo?

La mayoría de los occidentales piensa que la respuesta reside en la democracia liberal, en sintonía con lo que pensaban muchos liberales chinos en el siglo XX. Pero existe otra respuesta, que adopta la forma de la vieja y venerable tradición del confucianismo, que está siendo reavivada por las autoridades gubernamentales, los intelectuales críticos y los ciudadanos comunes.

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