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¿Qué queda después de 1989?

NUEVA YORK – Hace veinte años, cuando cayó el Muro de Berlín y colapsaba el imperio soviético, sólo los creyentes más recalcitrantes en la utopía comunista se sentían descontentos. Por supuesto, unos pocos se aferraban a la posibilidad de lo que una vez se llamó "el socialismo real". Otros criticaban el triunfalismo del "nuevo orden mundial" prometido por George H.W. Bush. Y la manera como Alemania Occidental pasó por encima de las ruinas de su vecino del Este pareció casi un acto de crueldad.

Aún así, 1989 era una buena época para estar vivos (excepto en China, donde se aplastó a los demócratas). Muchos sentimos que éramos testigos del amanecer de una nueva era liberal, en que la libertad y la justicia florecerían por todo el mundo. Veinte años después, sabemos que no iba a ser así.

El populismo xenófobo está acosando a las democracias de Europa. Los partidos socialdemócratas se están encogiendo, mientras los demagogos de derechas prometen proteger los “valores occidentales” de las hordas islámicas. Y las debacles económicas de los últimos años parecen confirmar la advertencia reciente de Mijail Gorbachev de que "también el capitalismo occidental, sin su antiguo adversario e imaginándose como triunfador indiscutible y encarnación del progreso humano, arriesga llevar a la sociedad occidental y al resto del mundo a otro callejón sin salida de la historia".

Tal como se ve desde la perspectiva actual, los liberales, en el sentido “progresista” que los estadounidenses dan al término, pueden en realidad haber estado entre los perdedores de 1989. Los comunistas siempre aborrecieron a los socialdemócratas, y viceversa. Sin embargo, muchos ideales social-democráticos, que tienen como base las nociones marxistas de justicia social e igualdad, fueron arrojados, como el bebé del proverbio, junto con las aguas servidas del comunismo.