¿Y ahora qué? ¡Más Europa!

El rechazo de los votantes franceses y holandeses a la Constitución de la Unión Europea nos obliga a pensar más allá de ese tratado. Esto se desprende del debate actual sobre el presupuesto de la Comunidad. Las victorias del "no" muestran que los argumentos basados en la soberanía que se oponen a cualquier tipo de unión política europea están avanzando. Los euroescépticos, al parecer, están ganando terreno en todas partes y una cierta xenofobia está aumentando.

Pero la xenofobia y la soberanía no fueron las razones primordiales que propiciaron los votos del "no". Por encima de todo, los votos del "no" en Francia y Holanda - y el descontento creciente en otros Estados miembros como Alemania- son el resultado de la incapacidad de los gobiernos nacionales y de la Unión para responder con eficacia a los problemas que más preocupan a los ciudadanos. No sólo los antieuropeos rechazaron la constitución; nada más lejos de eso.

De hecho, muchos europeos instan a la UE a reducir el desempleo y a intervenir decisivamente en la arena internacional. Muchos interpretaron la división interna de Europa sobre la guerra en Irak, con la oposición abrumadora de los ciudadanos comunes a la intervención militar, como un signo de debilidad de la Unión.

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