¿Y Qué Si No Todas las Cosas Buenas Son Compatibles?

Es una perdurable vanidad de nuestra era el creer que todas las buenas ideas se llevan unas con otras. La verdad y la reconciliación, la paz y la justicia, incluso la justicia y la verdad: estas son sólo algunas de las elevadas ambiciones de la sociedad humana que son presentadas rutinariamente como reconciliables en su totalidad. Pero la fría realidad es que no es de ninguna manera obvio que lo son.

Claro, en las sociedades que están básicamente en buena forma, tanto psicológica como materialmente, tales fábulas morales -tan esperanzados desos, en verdad- en rara ocasión causan algún daño pero a menudo generan un bien considerable. Pensemos en las actuales fábulas multiculturalistas que nosotros en Occidente tramamos para sí mismos de forma que pudiéramos enfrentar los dilemas y los retos de la inmigración masiva desde el mundo no europeo. En ese tramo de inspirada sobresimplificación, la "diversidad" cultural es invariablemente considerada un adelanto más que una amenaza.

Pero uno no tiene que ser un seguidor de Jorg Haider o del difunto Pim Fortuyn para saber que, cualesquiera las ganancias, sea en términos de crecimiento económico o incluso de la ampliación de la experiencia cultural en Occidente, mucho se ha perdido y se está perdiendo. Mínimo, las culturas nacionales de los principales países occidentales -sus profundas estructuras de ideología, gusto y estética- están siendo cambiadas, conforme los nuevos pueblos, con nuevas acepciones, demandan que su sentido del mundo sea tomado en cuenta.

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