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¿Qué le sucedió a Mohamed al-Hanashi?

NUEVA YORK- Mohamed al-Hanashi era un ciudadano yemení de 31 años de edad al que mantuvieron preso en Guantánamo durante siete años sin que hubiera cargos contra él. El 3 de junio, mientras yo visitaba dicho centro de detenciones junto con otros periodistas, la oficina de prensa del lugar emitió un escueto comunicado en el que se informaba que se había encontrado muerto en su celda a al-Hanashi  –“aparentemente se trataba de un suicidio.”

Como mi vuelo comercial se canceló, me ayudaron a regresar a los Estados Unidos en un transporte militar. Me tocó estar sentada al lado de un médico militar que había ido a Guantánamo para hacer la autopsia de al-Hanashi. Le pregunté que cuándo se realizaría la investigación sobre la muerte. Me contestó que “esa había sido la investigación”. Los militares se encargaban de investigar a los militares.

De inmediato me pareció muy sospechoso este “suicidio aparente”. Acababa de visitar esas celdas: es literalmente imposible suicidarse en ellas. Sus interiores son como los de un recipiente de plástico liso; no hay bordes duros, las perchas se pliegan hacia abajo, no hay ropa de cama que sirva para estrangularse. Le pregunté al doctor si teóricamente uno podía azotar la cabeza contra la pared hasta morir. Me contestó que “se vigilaba a los prisioneros cada tres minutos”. Habría que ser veloz.

La historia era todavía más sospechosa luego de indagar un poco. Resultó que los presos habían elegido a al-Hanashi como su representante. (Las Convenciones de Ginebra exigen este proceso pero los Estados Unidos no lo han reconocido formalmente). En su carácter de representante elegido, al-Hanashi sabía cuáles prisioneros habían declarado haber sido objeto de tortura o maltratos, y a manos de quien.