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¿Qué quieren las mujeres musulmanas?

NUEVA YORK – Cuando la caricatura ocupa el lugar del diálogo, todos resultan afectados -especialmente cuando se trata de entender cuestiones que afectan a las mujeres, que luchan en todo el mundo por no ser acalladas-. Algunos bloggers norteamericanos de derecha recientemente tergiversaron un artículo que escribí de una manera que hizo exactamente eso.

Yo escribí que muchas mujeres activistas en los países musulmanes tienden a hacer hincapié en cuestiones como los asesinatos por honor, la desigualdad legal y la falta de acceso a la educación, y que las frustra pensar que la obsesión entre los occidentales por la vestimenta de las mujeres musulmanas vaya en detrimento de esas cuestiones. También señalé que muchas feministas musulmanas defienden su vestimenta en términos de nacionalismo, antiimperialismo o como una cuestión de fe.

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Esto provocó una pequeña tormenta de distorsión en Occidente: "Wolf quiere institucionalizar la burka", etc. Resultó deprimente ver que un simple llamado a que los occidentales escuchen a las mujeres musulmanas se distorsionara deliberadamente en una representación de todas las mujeres musulmanas como seres sin pretensiones y carentes de iniciativa que necesitan ser rescatados.

Yo estaba tan segura de que a las mujeres musulmanas se les debería permitir hablar por sí mismas por las caras del feminismo musulmán que conocí en mis viajes recientes -principalmente en Jordania, un país fascinadamente tironeado entre la tradición y la innovación, que se desarrolla bajo una monarquía progresista que intenta modernizar y, en cierta medida, democratizar-. Para aquellos occidentales a quienes les preocupa el fundamentalismo islámico en el mundo árabe, Jordania seguramente es un modelo que vale la pena entender, apoyar y con el cual comprometerse.

Las líderes mujeres que conocí en Amman no decían "por favor, pídanle a Occidente que nos salve". Estaban demasiado ocupadas creando nuevos mundos igualitarios y modernistas propios, con un imprimátur árabe, y muchas veces islámico.

La princesa Rym Ali, cuñada de la reina Rania -la estrella mediática que viste Chanel y que está imprimiéndole un nuevo sello a una Jordania más contemporánea- es un ejemplo lúcido. La princesa Rym está haciendo enormes progresos en las bambalinas. Se reunió conmigo en un suburbio arbolado de Amman, en el palacio que comparte con el príncipe Ali y sus pequeños hijos. El porte calmo y el estilo diplomático de esta ex periodista de la CNN dan una falsa impresión de su coraje: cautivó el corazón de su esposo mientras reporteaba desde Bagdad en la víspera de la campaña de "sorpresa y conmoción", parada firme frente a las cámaras mientras caían las bombas.

La princesa Rym y el príncipe Ali han respaldado un nuevo instituto del cine, el Instituto de Artes Cinematográficos del Mar Rojo, una producción conjunta con la Universidad de Southern California que está reuniendo a jóvenes brillantes de todo Oriente Medio para que aprendan cinematografía contemporánea, participen como alumnos en producciones cinematográficas internacionales y hagan conocer las historias de la región. Aunque ya no puede ejercer el periodismo de forma directa, la princesa Rym también está cofundando la nueva escuela de periodismo de Jordania. Su objetivo es que los periodistas sustituyan la aceptación de la "línea del partido" -aún si el partido es su propia familia extendida- por una perspectiva más crítica.

Dirigió mi atención a películas hechas en Jordania sobre la subordinación de las mujeres dentro del hogar, y al impactante libro de Rana Husseini sobre los asesinatos por honor, Murder in the Name of Honor . Pero su mensaje implícito era que estos análisis críticos de la desigualdad de las mujeres en el mundo árabe son más esclarecedores cuando son realizados por defensores de las mujeres desde adentro de esa cultura, y no versiones sensacionalistas o superficiales del problema creadas en Occidente.

Mary Nazzal, dueña, junto con su familia, de un hotel boutique coqueto y animado, es otro dínamo que parece salido de una sesión de fotos de moda. Pero sería un error subestimar su seriedad. Yo la llamo "Martha Stewart conoce a Che Guevara", porque, cuando no está renovando los elegantes espacios públicos de su hotel, está demandando a generales israelíes en la Corte Penal Internacional por cr��menes de guerra que, a su entender, fueron cometidos contra civiles en Gaza.

Nazzal fue educada como abogada en Gran Bretaña y preside el directorio de Human Rights Legal Aid Trust. Su organización tiene por misión utilizar el derecho internacional para pedir cuentas a los miembros del ejército israelí que pusieron a civiles en peligro durante la invasión de Gaza -acontecimientos que confirma el reciente Informe Goldstone-. Es una apasionada de la causa palestina y combina su formación legal de excelencia con una voluntad por escuchar a gente decente de todos los bandos del conflicto y un feroz apego a la paz en la región basado en el debido proceso y la justicia.

Finalmente, está la propia Rana Husseini -un modelo de rol para los periodistas de investigación de todas partes, que empezó a documentar e investigar los crímenes de honor en su periódico, The Jordan Times . Los crímenes de honor se cobran la vida de unas 5.000 mujeres por año, y son cada vez más frecuentes en las comunidades inmigrantes en el extranjero. De acuerdo con su relato, una mujer puede ser asesinada por "reírse de una broma en la calle, usar maquillaje o una falda corta… o ser violada por un hermano".

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Después de que comenzó su serie de informes, Husseini recibió amenazas de muerte en su oficina casi a diario -así como cientos de cartas de apoyo de los lectores-. Como resultado de sus valientes investigaciones, que incluyeron entrevistas en prisiones, muchos países musulmanes están revisando sus códigos penales, y la cuestión pasó a ocupar un lugar central a nivel internacional.

Estas mujeres son exactamente el tipo de líderes que todos deberían estar fomentando y respaldando, y no ignorando por creer que no pueden existir en Oriente Medio. Haríamos mejor en averiguar sobre ellas y no perder el tiempo en debates superficiales sobre cómo ellas -y muchas otras que son igualmente competentes- deberían vestir.