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Historia del bombardeo de saturación en EE. UU.

NUEVA YORK – Ted Cruz, uno de los candidatos republicanos a la presidencia de EE. UU., dijo recientemente que su solución para la agitación en Oriente Medio sería el «bombardeo de saturación» del Estado Islámico (ISIS) y luego ver si la «arena puede brillar en la oscuridad». Donald Trump, el favorito republicano, prometió «partirle la cara a ISIS a bombazos». Un tercer candidato, Chris Christie, amenazó con declarar la guerra a Rusia.

Con ese tipo de retórica de los candidatos, no sorprende que, según una encuesta reciente, aproximadamente el 30 % de los votantes republicanos (y el 41 % de los partidarios de Trump) estuvieran a favor de bombardear Agrabah, el lugar central (y ficticio) de Aladdin,la película de Disney. El lugar sonaba árabe y eso fue suficiente.

Una forma de leer una retórica tan belicosa es suponer que quienes se la permiten son monstruos sedientos de sangre. Una visión más benévola es que sufren una terrible falta de memoria histórica e imaginación moral. Ninguno de ellos tiene experiencia personal en la guerra y claramente les resulta imposible comprender las consecuencias de lo que dicen.

Sin embargo, incluso un conocimiento superficial de la historia bastante reciente es suficiente como para saber que «partir la cara (de la gente) a bombazos» no es muy eficaz para ganar guerras. No funcionó en Vietnam y es poco probable que lo haga en Siria o Irak. Ni siquiera los nazis fueron vencidos con bombardeos de saturación. Como ha quedado demostrado por estudios llevados a cabo por las fuerzas aéreas estadounidense y británica, los tanques rusos fueron más eficaces para derrotar a la Wehrmacht que los bombardeos aéreos de las ciudades alemanas.