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Occidentalizar la región del mar Negro

El sangriento final de la crisis de los rehenes en una escuela de Osetia del Norte y recientes choques en Georgia entre tropas gubernamentales y fuerzas separatistas han devuelto la turbulenta región del mar Negro a las primeras páginas de los periódicos una vez más. Esa violencia en aumento es también una alerta para el Oeste, al poner de relieve la necesidad de una nueva estrategia euroatlántica en una región de importancia decisiva que se encuentra en la encrucijada de Europa, Eurasia y el Oriente Medio.

De hecho, la región del mar Negro es la frontera oriental de la comunidad euroatlántica con el gran Oriente Medio. Con el Afganistán, el Iraq y el Irán en los primeros puestos de la lista de desafíos estratégicos que afronta el Oeste, la de afianzar la democracia y la seguridad en esas nuevas zonas fronterizas de la comunidad euroatlántica ha pasado a ser una necesidad ineludible tanto para los Estados Unidos como para la UE. Además, los éxitos en esa región pueden brindar enseñanzas sobre cómo facilitar el arduo proceso de reforma y modernización en el gran Oriente Medio.

La "revolución rosa" de Georgia en el pasado invierno demostró que ahora existe la voluntad de aplicar una reforma radical. Por primera vez, un país de la región está dando los pasos concretos necesarios para realizar sus aspiraciones de llegar a ser un candidato viable a una futura adhesión a las instituciones euroatlánticas. Quien visita la capital de Georgia, Tiflis, ve ahora el mismo grado de determinación para unirse al Oeste que existía hace un decenio en los Estados bálticos.

Los Estados Unidos y Europa comparten el interés en el éxito de esos intentos, en particular porque están intentando diversificar sus suministros energéticos frente al petróleo de Arabia Saudita y el golfo Pérsico. El mar Negro está en condiciones de llegar a ser un conducto fundamental para que el petróleo y el gas natural no procedentes de la OPEP ni del Golfo lleguen a los mercados europeos y más allá de ellos. Así, pues, la estabilidad e integración a largo plazo de la región del mar Negro revisten una importancia decisiva para la estrategia de seguridad energética a largo plazo de los miembros de la UE y la OTAN.