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Occidente en la encrucijada

BERLÍN – Este año y el próximo, los votantes de las principales democracias occidentales tomarán decisiones que podrían cambiar de modo fundamental a Occidente -y al mundo- como lo hemos conocido por décadas. De hecho, algunas de estas decisiones ya se han tomado: el principal ejemplo es la reciente decisión del Reino Unido de abandonar la Unión Europea.

Mientras tanto, bien podría ser que Donald Trump y Marine Le Pen ganen las próximas elecciones presidenciales de Estados Unidos y Francia, respectivamente. Hace un año habría parecido absurdo pronosticar la victoria de cualquiera de ellos, pero hoy no podemos decir lo mismo.

Las placas tectónicas del mundo occidental han comenzado a desplazarse, y a muchos les ha costado darse cuenta de las potenciales consecuencias. Hoy, después del referendo del Brexit del Reino Unido, vemos el asunto con algo más de realismo.

La decisión del Reino Unido fue un rechazo de facto a un orden europeo de paz cimentado en la integración, la cooperación y un mercado y jurisdicción comunes. Surgió de una creciente presión sobre tal orden, tanto interna como externa. En lo interno, el nacionalismo ha ido ganando fuerza en casi todos los estados miembros de la UE, mientras que en lo externo Rusia está jugando a la política de las grandes potencias, promoviendo una “Unión Euroasiática” (eufemismo por un nuevo dominio ruso sobre Europa del Este) como alternativa a la UE.