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El grillete alemán de Europa

BRUSELAS – Un barco agitado por la tormenta que se encuentra cerca de peligrosos acantilados necesita de un ancla fuerte que evite que termine estrellándose contra las rocas. En el año 2012, cuando una tormenta financiera abrumó a la eurozona, fue Alemania quien mantuvo al barco europeo a salvo de los escollos de un desastre financiero. Sin embargo, ahora el ancla de Europa se ha convertido en un freno, que dificulta su movimiento hacia delante.

Por supuesto, la canciller alemana Ángela Merkel actuó en el año 2012 sólo cuando pudo decir a su electorado nacional que no había otra alternativa. Pero al final, Merkel estuvo de acuerdo con la creación de un fondo de rescate permanente para la eurozona. También respaldó la formación de una unión bancaria , que continúa siendo incompleta, pero que aún así representa un paso clave hacia un sistema financiero supervisado por el Banco Central Europeo. La tormenta financiera disminuyó gracias a estas medidas, y a la promesa del presidente del BCE, Mario Draghi, sobre hacer “lo que fuese necesario” para salvar al euro, promesa que Alemania aprobó tácitamente.

Pero ahora la eurozona parece incapaz de escapar una situación de casi deflación, con poco crecimiento económico y con precios que apenas se mueven al alza.

Se suponía que esto no iba a suceder. Cuando estalló la crisis, las economías de la periferia de la eurozona se vieron golpeadas por shocks gemelos: las primas de riesgo se disparaban al alza y el mercado de la vivienda colapsaba. Al mismo tiempo, la economía alemana se benefició del regreso del capital que se había ido a la periferia. Las tasas de interés reales (ajustadas a la inflación) en Alemania se tornaron, en esencia, en negativas, lo que provocó un auge de la vivienda. Se supuso que esto generaría en Alemania una fuerte demanda interna, misma que iba a ayudar a que la periferia exporte más.