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¿Matar a Bin Laden fue un error?

LONDRES – “Vivió como un héroe, murió como un mártir… si mataron a un Osama, miles de otros nacerán”, dice un comentario en un grupo de Facebook llamado “Todos somos Osama bin Laden”. El grupo se formó una hora después del anuncio de la muerte del líder de Al Qaeda formulado por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Ese grupo de Facebook ya tiene unos 30.000 “Me gusta”. Es más, existen más de 50 grupos similares en Facebook.

La reacción ante la muerte de Bin Laden en Al Jazeera y otros medios de noticias árabes ha sido mixta. Algunos ven al hombre considerado un asesino masivo en Occidente como un ícono, y su muerte y sepultura en el mar a manos de las fuerzas norteamericanas no socavará esa percepción a los ojos de sus simpatizantes. De hecho, el jeque Nasr Farid Wasil, ex Mufti de Egipto, ya declaró a Bin Laden un mártir, “porque fue asesinado por las manos del enemigo”. (El jeque Wasil, debe saberse, no tiene ninguna vinculación ni ninguna simpatía conocida por Al Qaeda y representa una escuela de pensamiento islámica muy diferente).

Más allá de las señales ambiguas en Internet, en el mundo virtual la cuestión crítica es si la eliminación de Bin Laden marca el comienzo de la muerte de Al Qaeda en la realidad. Algunas organizaciones terroristas, por supuesto, han colapsado tras la muerte de su líder carismático. El caso de Shoko Asahara, fundador de Aum Shinrikyo (el grupo japonés que organizó el ataque con gas sarín en el subterráneo de Tokio en 1995) me viene a la mente.

Pero capturar y juzgar a los líderes violentos probablemente sea una mejor señal del fin de este tipo de organizaciones –las posibilidades de un desenlace como éste son más altas cuando estos líderes se retractan de sus opiniones y les piden a sus seguidores que depongan sus armas-. Abimael Guzmán, el líder del maoísta Sendero Luminoso de Perú, y Abdullah Ocalan, el líder del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK por su sigla en inglés) en Turquía, son ejemplos dignos de mencionar.