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Las guerras contra las mujeres

AMSTERDAM A menudo se dice que en las guerras la verdad es la primera víctima. Pero si nos atenemos a la verdad, las mujeres son las primeras víctimas. La UNICEF, el órgano de Naciones Unidas para los niños, observó recientemente que en las zonas donde hay conflictos la violencia sexual se propaga como una epidemia. Se trate de guerras civiles, pogroms u otros conflictos armados, con demasiada frecuencia los cuerpos de las mujeres se convierten en parte del campo de batalla. Las víctimas de las atrocidades sexuales a gran escala incluyen desde bebés hasta ancianas.

En Darfur, las milicias janjaweed secuestraron a una niña de doce años y la violaron en grupo durante una semana, separando tanto sus piernas que quedó inválida de por vida. Sin embargo, el mayor temor de las víctimas de violación en Darfur es que nunca encontrarán marido. Bajo el derecho de la sharia se acusa a las mujeres violadas de adulterio y fornicación. El año pasado, en Sudán al menos dos jóvenes fueron sentenciadas a muerte por lapidación. Como señala Refugiados Internacionales: “Es más probable que el gobierno actúe contra quienes denuncian y documentan las violaciones que contra quienes las cometen”.

En las guerras que actualmente están devastando a la República Democrática del Congo, las víctimas de las violaciones también cargan con la culpa. Los maridos y las comunidades abandonan y destierran a las mujeres violadas. Frecuentemente sufren mutilaciones genitales por arma de fuego o son arrojadas desnudas a la hoguera.

En culturas donde se arreglan los matrimonios y la castidad es el concepto central de la femineidad, una mujer que pierde el honor lo pierde todo. El estigma generalmente es una carga más pesada que el ataque mismo. Por ello, no es sorprendente que la mayoría de estas niñas y mujeres ultrajadas guarden silencio.