17

Volkswagen y el futuro de la honradez

PRINCETON – Si usabas el término “ética empresarial” en el decenio de 1970, cuando esa disciplina estaba empezando a desarrollarse, una respuesta común era:”¿Acaso no es un oxímoron?” Con frecuencia a esa broma seguía el recitado de la famosa máxima de Milton Friedman de que la única responsabilidad social de los ejecutivos de empresas era la de hacer la mayor cantidad de dinero legalmente posible para sus accionistas.

Sin embargo, durante los cuarenta años siguientes los empresarios dejaron de citar a Friedman y empezaron a hablar de sus responsabilidades para con las partes interesadas de sus empresas, grupo que incluye no sólo a los accionistas, sino también a los clientes, los empleados y los miembros de las comunidades en las que actúan.

En 2009, entre la primera clase de la Escuela de Administración de Empresas de Harvard que se graduó después de la crisis financiera mundial circuló un juramento. Los que lo aceptaron –una minoría, desde luego– juraron dedicarse a su labor “de forma ética” y dirigir sus empresas “con buena fe, absteniéndose de adoptar decisiones y comportamientos que hagan avanzar mis estrechas ambiciones, pero perjudiquen a la empresa y a las sociedades a las que ésta sirve”.

Desde entonces, esa idea se ha extendido y estudiantes de 250 escuelas de administración de empresas han formulado un juramento similar. Este año, todos los banqueros holandeses, 90.000, están jurando que actuarán con integridad, pondrán los intereses de los clientes por encima de otros (incluidos los de los accionistas) y actuarán de forma abierta y transparente y de conformidad con sus responsabilidades para con la sociedad. Australia tiene un “juramento voluntario de la banca y las finanzas”, que obliga a quienes lo formulan (más de 300 personas lo han hecho hasta ahora), entre otras cosas, a denunciar las fechorías y alentar a los demás a que hagan lo propio.