El Goebbels del Kremlin

MOSCÚ – En la Unión Soviética, todos sabían que estaban siendo observados. Cualquier alejamiento del comportamiento aprobado oficialmente era tratado con sospecha y, muy probablemente, castigado. El Estado soviético se veía a sí mismo en guerra con casi todo -espías extranjeros, enemigos de clase, gente que usaba jeans o tocaba jazz-. La ideología dominante del régimen no era el marxismo-leninismo sino la sospecha y la animosidad.

Desde comienzos de los años 1980, antes de los primeros rayos de glasnost en Rusia, que esos tiempos oscuros no se sentían tan cerca como ahora. Proteger a la sociedad de los enemigos, extranjeros e internos, vuelve a ser la orden del día. Por cierto, un dogma de vigilancia perpetua es central para sustentar los elevados índices de popularidad del presidente Vladimir Putin. Y nadie juega un papel más importante en la creación de la atmósfera pública necesaria que Vladislav Surkov.

Surkov, que alguna vez fue jefe de Estado de Putin, se desempeñó como viceprimer ministro de 2011 a 2013. Ahora formalmente asesora a Putin en materia de asuntos exteriores, pero en verdad es el principal propagandista del régimen. Se le atribuye el hecho de haber introducido el concepto de "democracia administrada" en Rusia, y desempeñó un papel preponderante a la hora de promover la secesión de Abjazia y Osetia del Sur de Georgia. Más recientemente, fue una guía detrás de la invasión de Ucrania y la anexión de Crimea por parte de Rusia, inspirando las campañas mediáticas encendidas que generaron un respaldo público prácticamente universal a estas medidas.

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