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Enseñanzas chinas para el Vietnam

TOKIO – Durante treinta años después del final de la segunda guerra mundial, el Vietnam fue objeto de la atención mundial. Sus victorias sobe Francia y los Estados Unidos fueron las decisivas guerras de independencia de la época poscolonial, pero, después de aquellas escenas inmortales de los helicópteros del ejército de los EE.UU. inmóviles en el aire por encima de la abandonada embajada de los EE.UU. en Saigón en 1975, Vietnam desapareció prácticamente de la conciencia mundial.

Ya no. La estratégica situación del Vietnam –como vecino de China y paralelo a las grandes rutas marítimas de Asia–  siempre dio una importancia enorme al país, lo que puede ser una razón por la que sus guerras anticoloniales duraron tanto. Sin embargo, en los últimos años la importancia estratégica del Vietnam ha aumentado espectacularmente, por las enormes –y no siempre ampliamente reconocidas– transformaciones de sus resultados económicos y de la orientación de su política exterior.

Revitalizado por dos decenios de un rápido crecimiento económico y una apertura muy amplia al mundo exterior, el Vietnam es ahora un protagonista en ascenso de los asuntos económicos y de seguridad regionales. De hecho, en los últimos meses el país ha desempeñado un papel decisivo en la contribución a la creación del nuevo orden de Asia en materia de seguridad.

Al final de octubre, Hanoi albergó la Cumbre del Asia Oriental, reunión en la que los EE.UU. y Rusia fueron reconocidos como potencias asiáticas con intereses nacionales vitales en la región. En fecha anterior del mismo mes, en la  inauguración de la cumbre de ministros de Defensa de la ASEAN celebrada en Hanoi, el Secretario de Defensa de los EE.UU, Robert Graves, declaró que su país era una “potencia” también de Asia y en fecha anterior de este verano, durante la visita de la Secretaria de Estado de los EE.UU., Hillary Clinton, se la animó a intervenir en las disputas marítimas en aumento entre China y Malasia, las Filipinas, el Japón y el propio Vietnam.