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Apreciar las Naciones Unidas

MELBOURNE – Para los políticos y comentaristas escépticos y cansados del estado de las cosas del mundo, no hay nada como estar en contacto con gente joven, inteligente e idealista para sentirse un poco mejor acerca del futuro. Acabo de tener esa experiencia entre los delegados a la edición 22 de la Conferencia de Modelo Mundial de las Naciones Unidas WorldMUN, en la que 2.000 estudiantes de todos los continentes y culturas se reunieron a hablar de la paz, el desarrollo, los derechos humanos y el papel que la ONU debe desempeñar para garantizarlos.

Lo que más llamó mi atención fue la pasión que esta generación de futuros líderes sentía sobre la importancia y capacidad del sistema de las Naciones Unidas. Y tienen razón: la ONU puede cumplir lo que se espera de ella en términos de la seguridad de las naciones y la dignidad y seguridad de los seres humanos. Pero, tal como les señalé, tienen por delante una gran tarea de persuasión.

Ninguna organización del mundo encarna tantos sueños ni genera tantas frustraciones como las Naciones Unidas. A lo largo de la mayor parte de su historia, el Consejo de Seguridad ha sido prisionero de las maniobras de las grandes potencias; la Asamblea General, un teatro de retórica vacía; el Consejo Económico y Social, una irrelevancia disfuncional en gran medida, y el Secretariado una entidad alarmantemente ineficaz, por más que cuenten la dedicación y brillantez de quienes lo han representado.

Mis propios esfuerzos en pro de la reforma de la ONU cuando desempeñé el cargo de ministro de exteriores de Australia fueron de lo más quijotesco e improductivo que haya hecho en mi vida. ¿Ajustar las estructuras y los procesos del Secretariado para reducir los niveles de duplicación, desperdicio e irrelevancia? Olvídenlo. ¿Cambiar la composición del Consejo de Seguridad para que comience a reflejar el mundo del siglo 21, no de mediados del siglo 20? De ninguna manera.