1

La guerra que Pakistán puede ganar contra la polio

LAHORE – Crecí en Pakistán en los años 80 y 90 y mis progenitores, como todos los padres, querían para mí bienestar y salud, y que empezara mi vida de la mejor manera. Tuve la suerte de hacerlo en una familia de clase media con acceso a buenas instalaciones sanitarias y agua potable. También recibí vacunas para prevenir infecciones letales como la polio y el sarampión.

Pero recuerdo cuántos niños de mi vecindario no las recibieron. Esas primeras experiencias que pude presenciar, especialmente el virus de la polio y sus consecuencias tan visibles, formaron mi visión del inmenso valor de gozar de buena salud y el poder de las vacunas.

Hoy vivo en Londres, pero mis raíces siempre estarán en Pakistán. Como directora de la Fundación Británico-Paquistaní, ayudo a filántropos de la diáspora paquistaní a invertir en proyectos de desarrollo social sostenibles y eficaces. En las últimas dos semanas estuve en mi ciudad natal de Lahore, la segunda mayor del país, hablando de temas que abarcan desde las próximas elecciones a los retos de la vida cotidiana. La semana pasada visité un orfanato en las afueras de la ciudad, construido tras el terremoto de 2005, en el que murieron cerca de 75.000 personas. Me impresionó y estimuló el hecho de que cerca de cuatro quintos de sus 85 niños estuvieran completamente vacunados.

Las estadísticas nacionales de vacunación respaldan las señales positivas de las que fui testigo. En 1994, hubo en Pakistán cerca de 25.000 casos de polio, muchos de ellos causantes de muerte o discapacidad permanente. Sin embargo, gracias a las intensas campañas de vacunación, el año pasado hubo apenas 58 casos en todo el país, una reducción del 70% con respecto a 2011. Además, el gobierno y las autoridades internacionales de sanidad han acordado un plan que permita erradicarla para fines de 2014, logro histórico que generaría muchísimo orgullo nacional.