High-speed trains wait to be maintained in Wuhan, central China's Hubei Province Xinhua/Xiao Yijiu via Getty Images

La débil acusación de Estados Unidos contra China

NEW HAVEN – A simple vista, el representante comercial de Estados Unidos, Robert Lighthizer, parece haber presentado un argumento blindado contra China en el llamado informe de la Sección 301 difundido el 22 de marzo. Expuesta en un documento detallado de 182 páginas (que, con 1.139 notas al pie de página y cinco apéndices, haría sonrojar de orgullo a cualquier equipo legal), la acusación del representante comercial de Estados Unidos contra China, a la que denuncia por prácticas comerciales injustas en materia de transferencia de tecnología, propiedad intelectual e innovación, parece urgente y convincente. Ha sido aceptada rápidamente como evidencia fundamental en respaldo de los aranceles y otras medidas comerciales punitivas que la administración del presidente Donald Trump ha iniciado contra China en los últimos meses. Es una munición poderosa en una potencial guerra comercial.

Pero no nos engañemos. El informe yerra el tiro en varias áreas clave. Primero, acusa a China de "transferencia de tecnología forzada", arguyendo que las empresas estadounidenses deben entregar los diseños de tecnologías patentadas y sistemas operativos para poder hacer negocios en China. Esta transferencia supuestamente tiene lugar dentro de la estructura de acuerdos de empresas mixtas -asociaciones con contrapartes domésticos que China y otros países hace mucho tiempo han establecido como modelos para el crecimiento y la expansión de nuevas empresas-. Actualmente, existen más de 8.000 empresas mixtas que operan en China, comparado con un total de más de 110.000 empresas mixtas y alianzas estratégicas que se han creado en todo el mundo desde 1990.

Notablemente, Estados Unidos y otras corporaciones multinacionales entran voluntariamente en estos acuerdos negociados de manera legal por razones comercialmente sólidas -no sólo para establecer un punto de apoyo en los mercados domésticos de rápido crecimiento de China, sino también como una manera de mejorar la eficiencia operativa con una plataforma china offshore de bajo costo-. Retratar a las empresas estadounidenses como víctimas inocentes de la presión china ciertamente va en contra de mi propia experiencia como participante activo en la empresa mixta entre Morgan Stanley y el Banco de Construcción de China (y unos pocos inversores minoritarios pequeños) para crear la Corporación China de Capital Internacional en 1995. 

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