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Las elecciones del “¿por qué no?” en los Estados Unidos

WASHINGTON, DC – Aquellos a quienes les  cuesta ver sentido a las elecciones presidenciales de los Estados Unidos no deben preocuparse. Carecen de sentido. De hecho, la campaña actual es la más extraña contienda por el cargo más alto del país de la época moderna, no sólo por el número de candidatos –hay catorce y se espera que pronto haya dos o tres más–, sino también por su naturaleza.

La pregunta habitual a los candidatos presidenciales es la siguiente: “¿Por qué se ha presentado?” Este año, la respuesta parece ser: “¿Por qué no?” Mientras no se tenga demasiado apego a la dignidad propia, hay poco que perder y mucho que ganar al presentarse. Una campaña presidencial fracasada, incluso desastrosa, puede brindar cobros mayores por las conferencias, contratos para libros mejor pagados u oportunidades en las televisiones. Ni Newt Gingrich ni Mike Huckabee consiguieron ser elegidos candidatos republicanos, pero lograron puestos en debates de canales de televisión por cable.

Por el lado demócrata, la pregunta que se hace en los círculos políticos en estos días no es la de si Hillary Clinton puede ser elegida como su candidata, sino si puede no serlo. La respuesta es que sí, en el sentido de que todo es posible. Nadie que yo conozco considera probable que tropiece tan gravemente, pero, aun así, ya se sabe que los Clinton son propensos a los accidentes y han deparado muchas sorpresas –escándalos y escandalitos– desde que aparecieron por primera vez en el escenario nacional hace un cuarto de siglo. Ésa es la razón por la que muchos demócratas la respaldan sin entusiasmo.

Bernie Sanders, autodenominado socialista, inspira entusiasmo. Sanders se ha subido a la ola izquierdista de la política demócrata y, si bien muchas de sus propuestas pueden no resistir las preguntas incisivas (por ejemplo, la de cómo financiaría su plan para que las matrículas universitarias fueran gratuitas para todos), hasta ahora ha logrado evitar  impugnación sólida alguna de ellas.