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Cómo arreglar el problema fiscal de EE.UU.

CAMBRIDGE – Ya que las elecciones en Estados Unidos se celebran en menos de seis semanas, este es el momento de pensar seriamente en lo que se hará con el lío fiscal de la nación después de las mismas. Independientemente de quién gane, ya no se puede posponer el abordaje de este problema.

Los estadounidenses se centran de manera correcta en el “precipicio fiscal” que se avecina a inicios de 2013, momento en el que, según la legislación vigente, prácticamente todos los impuestos van a elevarse, succionando más del 3% del PIB de los hogares y empresas. Además, el año 2013 los recortes automáticos en el gasto público destinado a programas de defensa y a los programas no relacionados con la defensa restarán casi otro 1% del PIB y porcentajes similares en los años próximos. La Oficina de Presupuestos del Congreso advierte que caer por el precipicio fiscal empujaría a la economía estadounidense a una recesión grave (a serious recession) el próximo año.

Y el precipicio fiscal es únicamente una parte del problema que se debe resolver. El mayor problema que tiene Estados Unidos es su enorme déficit fiscal: en la actualidad este déficit representa alrededor del 7% del PIB y se pronostica que crecerá rápidamente en los próximos decenios a medida que envejezca la población y aumenten los costos de los desembolsos públicos destinados para la asistencia sanitaria ofrecida por los “programas de prestaciones” que benefician a adultos mayores de clase media. Aunque los políticos tanto de izquierda como de derecha reconocen que se debe enlentecer el crecimiento de estos programas para evitar déficits fiscales masivos o aumentos de impuestos muy grandes; es poco probable que dicho crecimiento se enlentezca la suficientemente como para evitar que se eleve el ratio nacional deuda/PIB.

Por lo tanto, la consolidación fiscal requiere tanto de ingresos adicionales como de un menor crecimiento en el gasto en prestaciones. El desafío que enfrentarán los políticos de Estados Unidos después de las elecciones será encontrar una forma políticamente aceptable de recaudar ingresos sin que se menoscaben los incentivos y el crecimiento económico. La tarea se hace más compleja debido al gran número de legisladores que insisten en que el déficit debe reducirse únicamente a través de recortes del gasto público.