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La prosperidad económica en la Era Digital

SAN JOSÉ – En todo el mundo la gente pide cambios. Los últimos resultados electorales (de los que la votación del Brexit en el Reino Unido y las elecciones presidenciales en Estados Unidos sean tal vez los ejemplos más notables) han puesto de relieve la creciente incertidumbre económica. En este ambiente, resulta imperativo que los líderes articulen y cumplan una visión clara para un crecimiento económico incluyente que cubra no solo las políticas tributaria y comercial (en las que se centran los debates actuales) sino también la digitalización.

La digitalización, cuyo valor económico potencial será en la próxima década de unos $19 billones, tiene el poder de poner en marcha el crecimiento del PIB, la creación de empleos y la innovación en los países. Ya podemos ver el profundo impacto que puede tener sobre aquellos que la adoptan como un elemento de impulso central de sus estrategias económicas.

Por ejemplo, la estrategia del Primer Ministro Narendra Modi en India está transformando el país en una potencia tecnológica y sentando las bases para un futuro digital. En Francia, el gobierno ha invertido en un plan digital nacional que se espera cree 1,1 millones de empleos en los próximos 3 a 5 años y contribuya con $101 mil millones al PIB en la próxima década.

Mientras otros países adoptan sólidas estrategias digitales, Estados Unidos está quedando a la zaga. A pesar de haber liderado la carrera de Internet en los años 90, hoy es la única gran economía desarrollada sin un plan claro de digitalización. Ya se están viendo las consecuencias: según el Índice Bloomberg de Innovación de 2016, hoy EE.UU. es el octavo país más innovador del mundo; en 2015 estaba dos puestos más arriba.

El mensaje es claro: en el tema de la digitalización nadie tiene derecho de preeminencia a nada y no hay tiempo que perder. Incluso en Silicon Valley debemos reinventarnos constantemente para mantener nuestra competitividad. La economía estadounidense debe hacer lo mismo o arriesgarse a perder su lugar en la vanguardia de la innovación. Únicamente con un plan de digitalización claro y eficaz puede el país conservar su estatus como líder económico global en la Era Digital y satisfacer al mismo tiempo las exigencias de sus ciudadanos de mayores oportunidades económicas.

Creo que la conectividad tiene el poder de transformar las economías y generar nuevas oportunidades. Por eso la nueva agenda digital de Estados Unidos debe corregir el hecho de que, a pesar de vivir en uno de los países más ricos del mundo, un tercio de la población estadounidense siga careciendo de acceso de banda ancha en sus hogares.

Resultan alentadoras las iniciativas de Ciudades Inteligentes que promueven la conectividad en Chicago y Washington, DC. Pero para cerrar la brecha digital se precisa una estrategia nacional más amplia que ponga el acento en la inversión en infraestructura digital más que solamente en la inversión en infraestructura física, como se hacía en el pasado. Un amplio acceso es esencial para que la tecnología cumpla su potencial de ser uno de los grandes igualadores económicos,

Un plan de digitalización estadounidense eficaz debe apoyar las empresas emergentes o start-ups. Las compañías jóvenes son el futuro de la creación de empleos (son la principal fuente de nuevos puestos de trabajo en EE.UU.) y la disrupción tecnológica. Sin embargo, se encuentran en declive en el país. Según un estudio de la Brookings Institution, el índice de empresas emergentes (la cantidad de nuevas compañías como porcentaje de todas las firmas) ha bajado a cerca de la mitad desde 1978.

Para impulsar la innovación y la creación de empleos debemos revertir esta tendencia, inyectando más combustible al motor de las emergentes en la economía estadounidense. Con ese fin será necesario que las empresas y el gobierno colaboren para crear un ambiente que estimule a los emprendedores a hacer realidad sus visiones. Para sostener este ecosistema será vital una combinación de leyes, como beneficios tributarios para las compañías en etapas tempranas de desarrollo, e inversiones de capital corporativo y de riesgo que preste apoyo financiero y oportunidades de tutoría a las empresas emergentes.

En términos más amplios, los líderes de EE.UU. deben crear un entorno que fomente todos los tipos de inversión y crecimiento comercial. El llamado de Trump a actualizar las leyes tributarias en 2017 podría resultar beneficioso en este frente, suponiendo que el nuevo marco promueva la inversión interna al estimular a las compañías a traer de regreso sus ganancias exteriores y al reducir la tasa tributaria corporativa, que hoy es una de las más altas de los países de la OCDE. Con estas medidas se podrían insuflar más de $1 billón de dólares a la economía estadounidense, creándose en el proceso empleos y oportunidades económicas.

Sin embargo, otro elemento esencial para un plan de digitalización eficaz es la educación y la formación. Las empresas deben invertir en la fuerza de trabajo actual, que en gran medida carece de las habilidades necesarias para competir en la Era Digital. Al mismo tiempo, debemos transformar nuestro sistema educativo para que las generaciones más jóvenes adquieran las habilidades necesarias para alcanzar empleos digitales bien remunerados en el futuro. Para este fin, debemos ir más allá de enfatizar la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas –las llamadas asignaturas STEM- para pensar en cómo aplicar la tecnología y la digitalización a todos los ámbitos.

La digitalización podría crear $5,1 billones en valor económico para Estados Unidos hacia 2025, reduciendo el desempleo de manera importante. Pero EE.UU. no puede hacer realidad su potencial a menos que sus líderes colaboren de manera eficiente por sobre sus diferencias partidarias y con todos los sectores para hacer avanzar una agenda digital.

La tecnología lo está cambiando todo: el modo en que hacemos negocios, las reglas del capitalismo y ecosistemas económicos enteros… y a una enorme velocidad. Estados Unidos debe cambiar al mismo ritmo, adoptando medidas hoy para hacer lo que sea necesario para recuperar su lugar de vanguardia de la innovación en la Era Digital.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen