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Un Plan Marshall para Estados Unidos

NUEVA YORK – Cuando un puente en una autopista importante de California colapsó el mes pasado, el impacto en toda la región sudoeste de Estados Unidos una vez más resaltó el problema serio de infraestructura del país. De hecho, en un sentido, la mayor economía del mundo se está desmoronando.

Una aversión ideológica a la inversión del sector público, junto con el pensamiento cortoplacista endémico de quienes redactan los presupuestos, ha mantenido el gasto en caminos, aeropuertos, vías férreas, redes de telecomunicaciones y generación eléctrica en niveles muy por debajo de lo que hace falta. Pero ya no se puede seguir ignorando el problema. Si Estados Unidos no actúa rápidamente para brindarle a su frágil recuperación económica una base sólida de infraestructura moderna, podría descubrir que se está hundiendo lentamente en un estancamiento. 

Parece evidente que una economía desarrollada requiere de una inversión adecuada y continua en bienes públicos. Pero el estado de la infraestructura en Estados Unidos sugiere que muchos responsables de las tomas de decisiones no comparten esta visión. Un informe de 2013 de la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles le adjudicó a Estados Unidos una patética graduación general de D+ por su infraestructura. El informe citaba numerosas deficiencias específicas del Estado, como las 88 represas de alto riesgo y los 1.298 puentes estructuralmente deficientes" de Michigan y los "44.500 millones de dólares necesarios para mejorar los sistemas de agua potable" en California.

El informe concluye que hará falta una inversión de 3,6 billones de dólares (aproximadamente una quinta parte del PIB anual del país) para 2020 para mejorar la calidad de la infraestructura de Estados Unidos. Para ello se necesitará encontrarle una solución al "retraso significativo del mantenimiento atrasado y la necesidad imperiosa de modernización". De lo contrario, la infraestructura en ruinas del país minará el crecimiento económico en los próximos años.