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Garantizar la seguridad euroatlántica

MÚNICH – El abismo entre Rusia y Occidente hoy parece más vasto que en ningún otro momento desde la Guerra Fría. Pero a pesar de las evidentes diferencias, hay áreas de interés existencial compartido. Como hicimos en los peores días de la Guerra Fría, hoy estadounidenses, europeos y rusos debemos trabajar juntos para evitar una catástrofe. Esto incluye prevenir atentados terroristas y reducir el riesgo de un conflicto militar (o incluso nuclear) en Europa.

Desde los acontecimientos históricos que entre 1989 y 1991 cambiaron a Europa para siempre, cada uno de nosotros, tanto dentro como fuera del gobierno, ha estado involucrado en la seguridad euroatlántica. Pero una y otra vez, los intentos de crear un esquema de seguridad compartido en la región adolecieron de una falta de sentido de urgencia y creatividad. Eso llevó a que el espacio euroatlántico siga siendo vulnerable a crisis políticas, de seguridad y económicas.

De no mediar nuevas iniciativas con el concurso de todas las partes, es probable que la situación empeore. Las ciudades de Moscú, Beslán, Ankara, Estambul, París, Niza, Múnich, Bruselas, Londres, Boston, Nueva York, Washington y otras han sido blanco de atentados terroristas, y quienes los ejecutaron están decididos a atacar otra vez. Miles de personas han muerto por la violencia en Ucrania desde 2013, y todavía mueren otras en renovados combates. Refugiados inocentes huyen de guerras devastadoras en Medio Oriente y el norte de África. Y las relaciones entre Rusia y Occidente están en un peligroso nivel de tensión, que aumenta el riesgo de que por accidente, equivocación o error de cálculo se precipite una escalada militar, o incluso una nueva guerra.

El primer paso para la defensa de nuestros intereses comunes es identificar e implementar iniciativas concretas, prácticas e inmediatas que permitan reducir los riesgos, recrear la confianza y mejorar el panorama de seguridad euroatlántico. Esas iniciativas deberían incluir cinco áreas clave.