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Los años flacos de la política occidental

NUEVA YORK – Desde mi adolescencia me han fascinado las permutaciones e intrigas de la política nacional. Hoy en día mi interés se centra en tendencias políticas más amplias que también pueden ayudar a explicar cuestiones económicas globales.

Una de esas tendencias es la fragmentación y polarización política de las democracias occidentales. Movimientos extremistas, algunos dentro de las estructuras políticas establecidas, y otros que buscan crear nuevas, están aplicando presiones a los partidos tradicionales, lo que les dificulta movilizar a sus electores y en ocasiones verdaderamente les perjudica. Los partidos viejos, preocupados por no dar una impresión de debilidad, se han vuelto reacios a cooperar con sus opositores.

La consiguiente negativa a trabajar juntos en los principales problemas de la actualidad ha tenido un impacto importante en la política económica. El diseño de las políticas, que solían formularse en el centro político, donde se han posicionado las democracias occidentales desde hace mucho, se está conformando cada vez más por las obstinadas fuerzas de extrema derecha e izquierda.

Debe decirse que este enfoque ha dado resultados ocasionalmente, a veces buenos y a veces malos. Pero el resultado general ha sido una parálisis de las políticas que ha causado problemas incluso en los elementos más básicos de la gobernanza económica (como aprobar activamente un presupuesto en los Estados Unidos). Sobra decir que mientras más desafíos de gobernanza y política haya a nivel interno, más difícil se vuelve la cooperación regional y global.