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De cómo distender el conflicto comercial entre Estados Unidos y China

DAVIS – Todos los años desde el 2000, cuando el entonces candidato presidencial George W. Bush calificó a China de “competidor” estratégico de Estados Unidos, he recibido la llegada de la Navidad con un suspiro de alivio de que la guerra comercial sino-norteamericana se hubiera evitado otros 12 meses.

Pero en enero, mi alegría navideña suele ser reemplazada por una sensación de temor ya que las tensiones que alimentaban la retórica de Bush –y las razones por las que descartó el rótulo de “socio” que prefería Bill Clinton- nunca se abordaron de manera adecuada. Y, como estamos viendo ahora, los riesgos para la economía global se han vuelto más amenazantes año tras año desde entonces.

La guerra comercial in crescendo entre Estados Unidos y China es una respuesta a tres cuestiones que los líderes norteamericanos han articulado desde hace mucho tiempo: las pérdidas de empleos, la competencia en torno a la tecnología y lo que se percibe como una amenaza china a la seguridad nacional de Estados Unidos. 

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