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El “Brexit” colombiano

CARTAGENA – La búsqueda de la paz es siempre una tarea divisiva, tanto que a menudo se frustra por diferencias políticas dentro de cada uno de los campos antagonistas. Es precisamente lo que sucedió hace poco en Colombia, cuando los votantes rechazaron por estrecho margen un acuerdo de paz laboriosamente negociado entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Los plebiscitos y referendos pueden parecer la manifestación más pura de la democracia; en realidad, son una herramienta favorita de líderes que dependen del engaño y la mendacidad. No por nada es tan común que dictadores y autócratas los convoquen.

Como era de preverse, el plebiscito colombiano (como el referendo británico por el Brexit en junio) dista de ser un triunfo de la democracia. El huracán Matthew impidió el voto de cientos de miles de personas en áreas donde las encuestas indicaban apoyo al acuerdo, y sólo participó el 37% de los 34 millones de votantes colombianos habilitados. En ese contexto, el ínfimo margen de victoria del campo del “no” (apenas 0,4%) resulta menos convincente todavía.

Pero los oponentes al acuerdo, liderados por el expresidente Álvaro Uribe, esperan obligar al presidente Juan Manuel Santos a dirigirse otra vez a la mesa de negociaciones y llegar a un plan de paz con las FARC totalmente diferente. Habida cuenta de que el acuerdo supervisado por Santos fue resultado de un muy complejo proceso de cuatro años, esa expectativa es totalmente irracional.