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Desencadenemos el poder femenino de África

MAPUTO – Las economías de África subsahariana experimentaron un auge en los últimos años. Sin embargo, las cifras en los titulares, a menudo, enmascaran problemas a largo plazo –  en particular, una dependencia excesiva de los recursos naturales y desigualdades crónicas. Estos problemas incluyen el hecho de que el crecimiento sostenible sería alcanzable, pero sólo si se hace uso de la mayor reserva de energía y creatividad del continente: las mujeres y niñas africanas.

Los expertos en salud y desarrollo, los economistas, las organizaciones no gubernamentales, los organismos de las Naciones Unidas y los bancos están de acuerdo en que la clave para liberar el potencial de África recae en la expansión de la educación, la libertad y las oportunidades de trabajo de las mujeres. Hoy en día, no solamente se espera que muchas mujeres africanas cumplan con los roles tradicionales, como por ejemplo criar a los hijos y cuidar de los ancianos, se espera más de ellas; sin embargo, estas mujeres también se enfrentan a la discriminación legal y social con respecto a la propiedad de tierras y bienes, los derechos a recibir herencias, la educación y el acceso al crédito y a la tecnología – además ellas también tienen que confrontar costumbres sexuales opresivas y violencia.

No obstante, la igualdad de género es necesaria para el bienestar del continente. Considere el apremiante problema de la seguridad alimentaria. Las mujeres constituyen la mitad de la fuerza laboral del sector de la agricultura, ellas cultivan, venden, compran y preparan alimentos para sus familias. Los estudios sugieren que el acceso equitativo a los recursos aumentaría la producción agrícola en un 20 a 30%, compensando los efectos de la sequía y el cambio climático. El acceso a la educación, capital, mercados y tecnologías permitiría que las mujeres procesen, empaqueten y comercialicen sus productos, en especial para su consumo por parte de la creciente clase media de África, reforzando tanto las ganancias como los suministros de alimentos.

La agricultura es sólo un ejemplo. Una mayor participación de las mujeres en ocupaciones dominadas por los hombres en todos los ámbitos incrementaría la productividad laboral, de manera general, hasta en un 25%. Lo mismo es cierto en cuanto a la política, ámbito donde la participación y liderazgo de un mayor número de mujeres iría a mejorar la gestión pública y los servicios públicos, tal cual lo demostraron experiencias prometedoras en algunas partes de África y en otros lugares.