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La mente militar árabe

Un aspecto clave para ganar cualquier guerra es definir las metas. Esto es particularmente cierto en el caso de la actual contienda en Gaza y Líbano. Al tratar de hacer demasiado –o creer que se puede lograr más de lo posible—el resultado puede ser el fracaso y ciertamente será la desilusión.

En este caso el error es creer que Israel puede destruir a Jezbolá o eliminarlo como entidad política y militar. Decir lo contrario sería caer en el juego de Jezbolá, Siria e Irán, que quieren definir su victoria como la supervivencia de Jezbolá.

Definir la victoria como la simple supervivencia es un patrón frecuentemente típico de la política árabe (e iraní) y es al mismo tiempo desastroso y sensato. Es desastroso porque se arriesga a la derrota al atacar a fuerzas superiores: la Guerra de los Seis Días de 1967, el desafío de Saddam Hussein a los Estados Unidos y su ataque contra Irán, las batallas eternas de Yaser Arafat en las que siempre salía derrotado y así sucesivamente. El lado árabe sufre enormes pérdidas humanas y materiales, como está sucediendo de nuevo con Líbano y los palestinos.

Pero lo que es en gran medida una derrota en términos prácticos y militares, también puede considerarse una victoria política. Los árabes nunca "pierden" porque jamás se rinden. Así, formalmente no ceden nada.. Los líderes que llevaron a la derrota y los grupos que no triunfaron se convierten en héroes al poder sostener que lucharon valerosamente contra el enemigo sin ser aniquilados. Los puntos importantes para ellos son que pudieron vengarse infligiendo daños, que demostraron ser hombres, que no cedieron y que sobrevivieron.