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Una nueva mirada a la renta básica

LONDRES – Gran Bretaña no es el único país en el que se celebra un referéndum este mes. El 5 de junio, los votantes suizos rechazaron de forma aplastante, en una proporción del 77% frente al 23%, una iniciativa que  pretendía garantizar una renta básica universal (RBU). Pero, ese resultado tan ladeado no significa que el problema vaya a desaparecer en un futuro cercano.

De hecho, el concepto de una RBU hizo apariciones recurrentes a lo largo de la historia – comenzando con la política propuesta por Thomas Paine en el siglo XVIII. En esta ocasión, sin embargo, es probable que tenga una mayor capacidad de permanencia, ya que la probabilidad de percibir un ingreso suficiente proveniente del empleo se hace cada vez más sombría para quienes son pobres y tienen un menor nivel de educación. Se han realizado tentativas de instauración de transferencias de efectivo universales en países tanto pobres como ricos.

La RBU es una mezcla un tanto incómoda de dos objetivos: el alivio de la pobreza y el rechazo al trabajo como un propósito de vida decisivo. El primer objetivo es político y práctico; el segundo es filosófico o ético.

El argumento principal a favor de una RBU como una forma de alivio de la pobreza es, como siempre lo ha sido, la incapacidad que tiene el empleo remunerado disponible para garantizar una existencia segura y digna para todos. Durante la era industrial, el trabajo en las fábricas se convirtió en la única fuente de ingresos para la mayoría de las personas – una fuente que fue interrumpida por episodios de desempleo a medida que la maquinaria periódicamente se ponía a la par del progreso. El movimiento obrero respondió exigiendo  “trabajo o manutención”. La aceptación de manutención en el lugar de trabajo se refleja en la creación de un sistema de seguridad social: “el capitalismo del bienestar”.