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Garantizar el futuro de la ONU

SHANGHAI – La fragmentación del orden internacional existente aumenta la importancia de contar con instituciones de gobernanza global fuertes para encarar los desafíos estratégicos, económicos y ecológicos a los que se enfrenta el mundo. Pero pocas veces las instituciones existentes (sobre todo, las Naciones Unidas) han estado más débiles.

La ONU no fracasó, pero está en problemas; particularmente cuando más países la tratan como una mera formalidad diplomática y buscan soluciones a los problemas globales en otra parte. Lo hemos visto en toda clase de asuntos: Siria, Irán, Corea del Norte, el terrorismo, la ciberseguridad, los refugiados y solicitantes de asilo, las migraciones, el ébola y la emergente crisis de financiación a las ayudas humanitarias.

Aunque la ONU todavía tiene muchas fortalezas, también adolece de claras falencias estructurales. La diferencia entre lo que aspira a hacer y lo que realmente hace es cada vez mayor. Pero el mundo necesita una ONU que no sólo debata políticas, sino que también cumpla en el terreno real.

La ONU importa, y mucho. Es un componente integral del orden que siguió a la Segunda Guerra Mundial. Si perdiera relevancia, si terminara convirtiéndose en “otra ONG más”, los países cambiarían sus supuestos fundamentales sobre el modo de relacionarse en el futuro. El unilateralismo y la ley de la jungla (marcas distintivas de un pasado que hoy parece lejano) volverían a asentarse en las relaciones internacionales.