okonjoiweala21_Pavlo PakhomenkoNurPhoto via Getty Images_wheat fields ukraine Pavlo Pakhomenko/NurPhoto via Getty Images

El mundo debe evitar otra crisis alimentaria

GINEBRA – La guerra en Ucrania está causando un sufrimiento humano inmenso y desgarrador. En la Organización Mundial de Comercio, una institución basada en el régimen de derecho y creada para ayudar a consolidar la paz, la violencia nos resulta abominable para nuestros principios fundamentales. Nos hacemos eco del pedido del secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, para que se detenga el derramamiento de sangre y esperamos una resolución rápida y pacífica del conflicto.

Pero aún mientras permanecemos transfigurados por las imágenes estremecedoras y trágicas de las ciudades ucranianas bajo ataque, y aún si nos comprometemos a hacer todo lo posible desde un punto de vista individual y colectivo para ayudar al pueblo de Ucrania, también se está tornando cada vez más evidente que las repercusiones económicas y humanitarias de la guerra se sentirán mucho más allá de Europa. Tenemos la responsabilidad de mitigar estas consecuencias también de manera proactiva.

Inclusive antes de la guerra, los precios en alza de los alimentos y de la energía ya afectaban a los hogares y a los presupuestos gubernamentales en muchos países más pequeños y más pobres cuyas economías también habían sido las más lentas a la hora de recuperarse de la pandemia del COVID-19. Las nuevas alzas de los precios generadas por el conflicto en Europa del este ahora amenazan con hacer aumentar la pobreza y la inseguridad alimentaria. En estas circunstancias, el papel de la OMC y del comercio en general, particularmente para los países que son importadores netos de alimentos, es de una gigantesca importancia para prevenir el hambre.

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