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La lucha de Ucrania por el imperio de la ley

Un año después de nuestra Revolución Naranja, muchos ucranianos sienten que sus ideales han sido traicionados. La convicción de que es posible lograr un gobierno que rinda cuentas al pueblo y un mercado transparente que esté libre de especuladores que se aprovechan de información interna ya no guía la política del gobierno. En lugar de ello, los ideales por los que luchamos parecen eslóganes que invocan quienes desean proteger sus intereses creados.

Los cínicos explican esto diciendo que nuestros ideales “naranjas” nunca fueron otra cosa que las racionalizaciones de un grupo de oligarcas que luchaba por sacar a otro del poder. Dicen que, una vez que llegaron a dominar la situación, el celo de quienes prometieron reformas se convirtió en celo por conservar sus riquezas personales y las de sus amistades.

¿Cómo llegó Ucrania a este estado de cinismo? Hace un año, todos quienes nos manifestábamos en las calles de Kiev sabíamos contra qué luchábamos: un gobierno corrupto que intentó manejar a su antojo la vida, el trabajo y la propiedad estatal. A pesar de que existían derechos legales formales, no se podía confiar en ninguna corte para su aplicación cuando nuestros gobernantes veían que sus intereses estaban en peligro.

Al derribar ese régimen, creímos que esta forma de absolutismo había llegado a su fin. En lugar de ello, quienes se beneficiaron con las corruptelas del régimen insistieron en que sus derechos a las propiedades que habían robado eran inviolables. Estos capitalistas de camarilla argumentan que, si los dejan desarrollar sus bienes en paz, darán prosperidad al país. Métanse con la propiedad privada, no importa con qué medios se haya obtenido, y todos los inversionistas perderán la confianza, aducen.