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El Camino de Ucrania Hacia Europa

"El Oriente es el Oriente y el Occidente es el Occidente y nunca se han de encontrar" , dice la famosa cita de Rudyard Kipling. Quizá Ucrania sea evidentemente oriental, pero es del oriente de Europa. Entonces, cuando Ucrania recuperó su independencia hace diez años, la integración con Europa se convirtió en la meta de muchos de nosotros. Ese camino a Europa, sin embargo, no estaba pavimentado con buenas intenciones; a menudo ni siquiera estaba pavimentado. Pero, como muestran las elecciones realizadas el 31 de marzo, los ucranianos siguen decididos a recorrer ese camino.

Soy un socialdemócrata que nunca fue miembro del Partido Comunista, pero logré tener éxito como abogado durante los tiempos soviéticos. Reconozco que muchas de las dificultades que Ucrania ha tenido en la búsqueda de su vocación europea se deben a nuestra "herencia" soviética. Después de que la URSS se colapsó, Ucrania poseía una base industrial ineficiente y militarizada, y una burocracia entorpecedora. Sus amplias poseciones agrícolas fueron paralizadas por equipo desgastado y por la inercia del cultivo estatal soviético. La población rural se hundió en el lodazal de la miseria. Los salarios bajos hacen muchas vidas miserables aquí, las pensiones son un chiste y la economía informal es vasta.

Pero nuestra herencia soviética no es excusa para todo. Nosotros embrollamos la reforma solos, pues a menudo buscamos importar prácticas occidentales probadas y comprobadas -la propiedad privada, el mercado libre, la competencia, la estricta aplicación de los derechos humanos, la creación de la sociedad civil, la democracia representativa- en formas diluídas que de alguna manera nos ayudaran a mantener elementos del socialismo.

A pesar de esta nostálgica definición de políticas, a través de los años la promulgación de códigos legales civiles, criminales, de propiedad de la tierra, familiares y económicos realizada por la Rada Suprema (parlamento de Ucrania) fue casi una revolución. En efecto, aunque doloroza, la aceptación de los valores occidentales por una sociedad excluída durante siglos de la historia europea ha ganado ímpetu a pesar del hecho de que a menudo nos consideramos diferentes de las naciones occidentales. Nos pensamos más abiertos, sentimentales, cordiales y orientados hacia la familia, pero también más desorganizados y apáticos, a veces irresponsables y perezosos.