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La opción democrática de Ucrania

Repentinamente, Ucrania enfrenta otra difícil encrucijada: disolver el gobierno y el parlamento y convocar a nuevas elecciones, o ver cómo la independencia del país se pierde poco a poco. Además, se habla nuevamente de desórdenes civiles violentos. Nada de esto debería sorprendernos, considerando el modo como nuestros corruptos gobernantes incitan sistemáticamente al odio regional y étnico.

Algunos dicen que la decisión del Presidente Viktor Yushchenko de sacar de su cargo al Primer Ministro Viktor Yanukovich fue injustificada. Se equivocan: las medidas de Yushchenko fueron necesarias, ya que el gobierno de Yanukovich, en clara violación de la ley, estaba preparando el montaje de un golpe constitucional que habría despojado al presidente de los poderes de supervisión que le quedaban sobre el ejército y la policía. O el presidente actuaba ahora, o Ucrania volvía al régimen absoluto de clanes criminales que existía antes de la Revolución Naranja de 2004.

No estuve de acuerdo con la decisión de Yushchenko de nombrar a Yanukovich como Primer Ministro tras las elecciones parlamentarias del año pasado, ya que sabía que el intento de un presidente de mentalidad democrática de cohabitar (como llaman a esto los franceses) con el mismo hombre que intentó sabotear la segunda vuelta de las últimas elecciones presidenciales ucranianas generaría parálisis institucional y caos político. Y así ha ocurrido.

Sin embargo, el mayor daño generado por esa cohabitación fue poner cortapisas al proceso democrático. Se negó a los demócratas de Ucrania, que ganaron esa elección, tener voz y un lugar en el gobierno. Yushchenko tendió de buena fe la mano a sus enemigos; a cambio, el pacto de gobierno que selló con Yanukovich fue transgredido y traicionado a cada paso. Con las nuevas elecciones se consolidará la opción democrática y se revitalizará nuestra democracia.