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Gran Bretaña por su cuenta

LONDRES – Dentro de poco más de un mes se celebrarán las elecciones generales del Reino Unido, si bien la campaña parece habernos acompañado desde siempre, avanzando implacablemente, pero con pocas pruebas de un entusiasmo auténtico... ni siquiera variaciones importantes en las encuestas de opinión. El apoyo a los dos principales contendientes –el Partido Laborista y el Partido Conservador– parece estancado en el treinta y poco por ciento.

Los conservadores abrigan la esperanza de que la ejecutoria del Gobierno en materia de economía convenza a los votantes indecisos para que se inclinen por ellos más adelante durante la campaña. Tal vez tengan razón; lo merecen. Entretanto, el Partido Laborista parece abrigar la esperanza de que algo, a saber qué, vuelva las tornas, mientras mantiene cruzados sus dedos colectivos para que no lo destripen en Escocia, donde el Partido Nacional Escocés amenaza con arrasar.

Una sorpresa es la insularidad de la campaña electoral. Una nube negra, en forma de un posible referéndum sobre si debe el Reino Unido permanecer en la Unión Europea se cierne sobre el resultado, pero nadie habla demasiado al repecto. El Primer Ministro, David Cameron, ha dicho que es necesario un referéndum para impedir que el país se dirija como un sonámbulo hacia una salida accidental y desastrosa de la UE. Así, pues, ha de parecer extraño a algunos de los socios de Gran Bretaña en la UE que ninguno de los políticos del país parezcan estar intentando despertar a un público sonámbulo.

Dicho de forma más general, mientras que gran parte del mundo parece verse arrastrado sin remedio hacia el infierno, se ha hablado poco del papel y las responsabilidades internacionales de Gran Bretaña. En tiempos, el Reino Unido fue famoso por intervenir en los asuntos mundiales más de lo que le correspondía por su tamaño, pero tal vez ya no cuente demasiado en realidad... aunque sólo sea porque no quiere contar.