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El desastre de las enfermedades tropicales desatendidas

BERKELEY/CHICAGO – El respaldo del presidente estadounidense Joe Biden al pedido para suspender la protección de la propiedad intelectual para las vacunas contra la COVID-19 refleja la intensidad de la presión mundial para garantizar el acceso universal a las vacunas; sin embargo, los más pobres del planeta sufren muchas otras enfermedades prevenibles y tratables, con terribles consecuencias sociales y económicas.

Las enfermedades tropicales desatendidas (ETD) —como la elefantiasis, el tracoma, la ceguera de los ríos y las infecciones por parásitos intestinales— prácticamente no existen en las economías avanzadas, pero entre quienes viven en la pobreza extrema son las infecciones más frecuentes. Unos 1000 millones de personas —entre ellas, más de 750 millones que viven por debajo de la línea de pobreza fijada por el Banco Mundial, de USD 1,90 al día— sufren ETD cada año.

Ese sufrimiento puede ser extremo, las ETD causan fuertes dolores y discapacidad en el largo plazo, que suele llevar a la estigmatización social. En el caso de los niños, los contagios interrumpen la educación y causan desnutrición, que afecta el desarrollo intelectual y cognitivo, y atrofia el crecimiento. Y, como interfieren con la educación y el empleo, las ETD dejan a la gente atrapada en la pobreza.

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