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¿El RBI puede sobrevivir a la financiarización?

RÍO DE JANEIRO – El ingreso básico universal no es un concepto nuevo, pero ha cobrado nueva vida en los últimos años. Voces tanto de izquierda como de derecha hoy sostienen que el RBI podría ser la clave para resolver los principales problemas sociales y estructurales, incluido el desempleo y el subempleo tecnológico, la extrema pobreza, las trampas de la beneficencia y los desincentivos ocultos para trabajar. Al liberar a la gente de los grilletes de los empleos de baja calidad y de la burocracia interminable, sostiene la lógica, un RBI le permitiría alcanzar su pleno potencial.

Es un argumento atractivo, por cierto, especialmente en un momento de estancamiento salarial prolongado, pobreza persistente, creciente desigualdad y bajo crecimiento económico. Pero, hasta el momento, las únicas versiones de RBI que se han puesto a prueba –en lugares como Canadá, Finlandia, Kenia y Holanda- esencialmente no son más que meras modalidades nuevas de desempleo y asistencia social. Estos experimentos contradicen la lógica fundamental de un RBI.

Sin duda, las estrategias incrementales para un RBI pueden impulsar la reforma de la asistencia social. En particular, al reducir o eliminar la necesidad de comprobación de recursos económicos y otras formas de condicionalidad, estos llamados esquemas basados en un RBI pueden aliviar las cargas burocráticas y los costos administrativos asociados, ofreciendo a la vez un nuevo canal de ingresos para los pobres.

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